La violencia contra las mujeres en República Dominicana no es solo una cifra en un informe. Es una emergencia de salud pública, una herida social y una carga económica que golpea hogares, comunidades e instituciones de forma silenciosa y constante. Entre enero y marzo de 2026, el Ministerio Público registró 17,552 denuncias por violencia de género, intrafamiliar y delitos sexuales, y contabilizó 22 feminicidios. Lo más revelador y preocupante: solo tres de esos casos contaban con denuncias previas.
Detrás de cada número hay una historia humana que merece ser contada. Esta es una de ellas.
Una historia de valentía: el camino de Arelis
Arelis, madre y ama de casa de San Cristóbal, sobrevivió a un intento de feminicidio a manos de su pareja de entonces, quien ejercía un control absoluto sobre su vida: con quién hablaba, a quién veía y cuándo salía de casa. Tras ser atacada con un arma blanca, permaneció ingresada en el hospital Juan Pablo Pina. Allí comenzó su segunda vida.
Tras recibir atención médica, encontró apoyo emocional y psicológico en la fundación «Si yo puedo, tú también». Aunque el proyecto original cerró por falta de fondos, su acompañamiento continuó junto al de otras organizaciones.
El daño físico fue solo el principio. Arelis enfrentó un camino que combinó recuperación médica, duelo emocional y la urgencia de sostener un hogar con sus cuatro hijos, sin el ingreso económico que antes dependía de su agresor.
«Mi vida pasó frente a mis ojos como una película. Pensé que no vería a mis hijos crecer, que todo se acabaría en ese momento. Pero le pedí a Dios que me ayudara a sobrevivir por mis hijos; ellos fueron la fuerza para aferrarme a la vida. Hoy agradezco que Dios haya puesto en mi camino a esos ángeles que me ayudaron y me apoyaron para seguir adelante, especialmente a Leydi y a todas las integrantes de la fundación «Si yo puedo, tú también»», relata Arelis.
Las cifras que revelan una realidad estructural
Los datos del primer trimestre de 2026 confirman que la violencia no es un hecho aislado, sino un patrón profundamente arraigado: el 52.49 por ciento de las denuncias corresponden a violencia intrafamiliar; el 36.94 por ciento a violencia de género; y el 10.57 por ciento a delitos sexuales.
El boletín del Ministerio Público identifica como principales agresores a parejas y exparejas. La violencia se intensifica dentro del vínculo afectivo y predomina en personas de entre 18 y 35 años. Las denuncias tienden a concentrarse al inicio de la semana, lo que sugiere un patrón de conflicto recurrente.
La tendencia es alarmante a largo plazo. El Observatorio Político Dominicano reportó 706 feminicidios al cierre de 2023 y 779 en 2024 —73 casos más en un solo año—. Cerca del 89 por ciento fueron feminicidios íntimos, cometidos por parejas o exparejas. Estos crímenes dejaron 77 niños y niñas huérfanos solo en 2024, y más de mil entre 2016 y 2024.
Que 19 de las 22 mujeres asesinadas en el primer trimestre de 2026 no tuvieran denuncias previas no es una falla de las víctimas. Es la distancia abismal entre el peligro que viven y las puertas a las que pueden acceder. La continuidad entre estos datos y casi una década de registros indica que estamos ante un problema estructural, no ante hechos aislados.
La trampa silenciosa: violencia económica
La violencia no se sostiene solo con golpes o gritos. Se alimenta también de la dependencia económica. Varias mujeres conocidas durante esta investigación enfrentaron la misma disyuntiva: ¿denunciar y arriesgar los ingresos que sostienen a sus hijos, o callar y sobrevivir en silencio?
Hasta la fecha, la Fiscalía no registra la dependencia económica como causa específica de abandono de denuncias, por lo que no es posible cuantificar cuántas mujeres desisten del proceso por necesidad. Esta invisibilidad convierte la pobreza en una barrera adicional para acceder a la justicia.
El caso de Arelis ilustra con claridad esta realidad: tras el ataque, además de sanar sus heridas, debió reorganizar su vida sin los recursos económicos que su agresor aportaba al hogar. La violencia económica prolonga el ciclo de abuso y dificulta la salida de la situación de violencia.
Voces expertas: diagnóstico y propuestas
Martha Chevalier — Abogada
«Muchas víctimas llegan a denunciar después de años de maltrato, por desconocimiento de sus derechos o por miedo. Uno de los principales obstáculos es la falta de acompañamiento legal gratuito y oportuno, así como la lentitud de los procesos judiciales.
Una debilidad crítica del sistema es que, en muchos casos, es la propia víctima quien debe notificar al agresor las órdenes de protección, exponiéndose directamente a quien quiere hacerle daño. Esto es contradictorio y pone en mayor riesgo a la persona agredida. Esta responsabilidad debe recaer siempre en las autoridades, nunca en la víctima.
También existe una débil articulación entre instituciones. Cuando la Fiscalía, la Policía y los centros de atención no comparten información, se pierde tiempo valioso que puede costar vidas. Las órdenes de protección muchas veces quedan solo en el papel.
Para avanzar, es indispensable fortalecer las Unidades de Atención Integral, ampliar las líneas de auxilio y garantizar un abogado gratuito desde la primera denuncia. La notificación de medidas de protección debe ser exclusiva de las autoridades. Y sobre todo: ninguna reforma legal será suficiente sin educación desde la infancia. La violencia de género no se resuelve solo en los tribunales; se previene transformando nuestra cultura.»
Richard Cortorreal — Psicólogo
«El aumento de casos no responde a hechos aislados, sino a patrones de control y dominación construidos durante años. El ciclo de la violencia comienza con conductas sutiles: celos excesivos, control de las salidas, comentarios humillantes que la víctima normaliza porque no los identifica como maltrato a tiempo.
Uno de los factores que más retiene a la víctima es el desgaste emocional progresivo. El agresor aísla, debilita la autoestima y corta los lazos de apoyo. A esto se suma el miedo a las represalias y el temor a no ser creída.
Preocupa profundamente que comportamientos controladores sigan viéndose como ‘muestras de amor’. Mientras confundir cariño con control sea aceptado socialmente, el problema persistirá.
Es urgente incorporar educación emocional desde la escuela, enseñando a identificar relaciones sanas y límites. Ampliar los servicios de salud mental gratuitos y especializados. Capacitar a quienes están en primera línea: maestros, médicos, personal de atención primaria. Y mantener campañas de prevención sostenidas, no solo cuando ocurre un feminicidio. Hablar de violencia de género es también hablar de salud mental colectiva.»
Una respuesta que nos involucra a todos
No basta con condenar después del daño. República Dominicana necesita una estrategia integral que combine detección temprana, seguimiento riguroso de casos de alto riesgo, órdenes de protección efectivas y programas de intervención con agresores. Garantizar independencia económica a las víctimas es también una medida de seguridad y justicia.
La prevención exige articular salud, justicia, educación, economía y comunidad. Mientras estas piezas no funcionen juntas, muchas mujeres seguirán enfrentando solas un problema que no es privado, sino público, social y nacional.
Arelis sobrevivió.
Su historia no terminó en el hospital. Es el testimonio de que es posible sanar, reconstruir y avanzar. Pero su caso también nos recuerda: la violencia contra las mujeres mata cuerpos, fractura familias, empobrece hogares y deja secuelas que atraviesan generaciones. No podemos mirar hacia otro lado.
Recursos de ayuda
Si usted o alguien cercano vive una situación de violencia, puede llamar al 911, a la Línea de Emergencia 212 del Ministerio de la Mujer, o a la Línea de Salud Mental al 811 o al 809-200-1400.
Fuentes
Ministerio Público — Boletín Estadístico sobre Violencia de Género, Intrafamiliar y Delitos Sexuales, enero–marzo 2026; OPD-FUNGLODE — Feminicidios en República Dominicana: radiografía de la violencia feminicida 2016–2024; Infobae/EFE; Diario Libre.








